Satu Ekman

La noria o, si quieres, el viaje a la luna, la vuelta al mundo, la rueda moscovita o de Chicago, nos eleva, nos sube al cielo y nos ofrece nuevos horizontes. Nos concentramos con los compañeros de góndola, nuestros amigos, nuestra familia, a observar qué hay más allá de nuestra rutina.

En Finlandia, acaban de instalar una cabina con sauna en la noria del puerto de Helsinki. La sauna es un lugar en que entramos tal como somos. Respetamos a los otros bañistas y, si tienen ganas de hablar, surge una conversación sincera, a veces de grandes secretos. Así me sentía cuando nos reunimos en la primerísima cena de la residencia Faber. Éramos cinco personas de orígenes y pasados muy diversos pero, entablando conversación, nos dimos cuenta, en seguida, que teníamos mucho en común. La noria, la vuelta al mundo, la rueda olotina, subió a los aires. Dimos una vuelta para dejar que subiera la sexta persona. Llegó para equilibrar el balanceo de la góndola, éramos tres y tres.

The London Eye fue construido por cientos de trabajadores de países diferentes. Pues aquí somos de seis países: Finlandia, Israel, Cataluña, El Salvador, Gran Bretaña y Cabilia. Y todos trabajamos en lo que nos apasiona.

Teatro, cine, televisión, ficción, periodismo, ensayos, poesía, traducción literaria. Historias de generaciones, de familias, de pueblos. Experiencias de océanos y continentes, de viajes y culturas, de religiones y creencias. En poco tiempo se formó un núcleo unido. La diversidad es nutritiva. Hablamos de las fronteras y las barreras en la vida real y creativa tanto como de la libertad de expresión en lo personal y en lo universal.

El grupo que hemos formado es un inicio, no sólo de Faber sino de nosotros. Nos hemos leído mutuamente y han surgido varios proyectos que queremos realizar juntos. El primer grupo no bajará de la noria. Seguiremos en los aires aún después de la estancia. La estancia continúa en distancia.